Miami, 30 de enero del 2015
La oposición política le cede espacios a la dictadura
El alcalde de Quito, Mauricio Rodas, encarna mejor que nadie la estrategia de no disputarle espacios políticos a la dictadura, y más bien adaptarse a sus imposiciones. Foto: El Universo.

Emilio Palacio

HACE SEIS MESES, LA MAYOR AMENAZA CONTRA EL GOBIERNO ECUATORIANO ERAN LAS MOVILIZACIONES DE LOS SINDICATOS, la unidad de los alcaldes de la oposición y la campaña por una consulta popular.

 

Pero llegaron las fiestas de diciembre y la oposición política se replegó. Desde entonces, la lucha contra la dictadura continuó casi exclusivamente por internet, el único espacio donde la resistencia todavía se mantiene firme.
No es verdad que las calles sean el escenario
de las fuerzas extremistas solamente. Los extremistas adoran la calle, claro está. Rafael Correa, por ejemplo, empujó a sus amigos a las calles para promover el golpe contra un presidente electo. Pero las fuerzas democráticas también han ocupado las calles, sobre todo cuando hubo que enfrentar a una dictadura. Incluso la constitución de Montecristi reconoce esa potestad de los ciudadanos. Aún ese mamotreto ridículo admite que el pueblo tiene el derecho a movilizarse para reclamar la renuncia de sus mandatarios.
Hoy las grandes amenazas para el régimen no son las marchas de los movimientos sociales, ni los alcaldes de oposición, sino los agudos mensajes de @CrudoEcuador, Bonil, Roberto Aguilar, UbicaTV, Carlos Vera, @B3scobar y tantos otros.

 

La dictadura pierde

la batalla en las redes

 

El sábado pasado, Rafael Correa reconoció como uno de sus mayores opositores a un tuitero con algo más de dos mil seguidores, @CrudoEcuador, que reprodujo una foto del dictador, de shopping por Amsterdam. (Puedes ver la foto aquí).

 

"Oficialmente, el día de hoy queda organizada la batalla por la dignidad y por la verdad en las redes sociales", deliró el primer mandatario, luego de invitar a sus seguidores a registrarse en la cuenta "Somos Más".

 

La "guerra" de Correa, aunque ridícula, tiene su explicación. Su foto, comprando regalitos en Europa (los mismos regalitos que él ha prohibido importar desde Ecuador, para ahorrar divisas), le estaba causando un daño irreparable porque la crisis económica comenzó a tocar el bolsillo de las clases medias y populares, que contrastan sus recientes angustias con los placeres que, en cambio, se sigue brindando la dictadura.

 

Pero mucho más daño le causó lo que vino después: en menos de una semana, @CrudoEcuador subió a 31.772 seguidores, mientras que "Somos Más" apenas alcanzó 4.736 usuarios, anónimos en un alto porcentaje.

Arriba, la cuenta de CrudoEcuador en Twitter;

abajo, la cuenta "Somos Más" en internet.

La oposición política se encierra

en un solo espacio: las elecciones

 

Si buscásemos una respuesta sencilla a la pregunta de cómo derrotar a la dictadura actual, sería esta: Lo mismo que ocurrió en internet esta semana deberíamos conseguirlo en los medios de comunicación, en las universidades, en los centros de trabajo, en calles y plazas, es decir, debemos ganarle a la dictadura los principales espacios públicos, donde los ciudadanos tenemos derecho a expresar nuestra opinión.

 

La oposición política parece no haber comprendido esta verdad tan simple. En mayor o menor grado, varios de sus dirigentes creen que hay un solo espacio a pelear: las elecciones de febrero del 2017.

 

¿Y la libertad de expresión, de organización, de movilización y reunión? "Bien, gracias, otro día hablaremos de eso", parecen contestar.

 

Es como si no se hubiesen enterado de lo que acaba de ocurrir en el Consejo Nacional Electoral, donde la dictadura destituyó a su flamante presidente, Paul Salazar (hombre de Ricardo Patiño) -al que lo culpan por el fracaso del 23 de febrero, junto con Domingo Paredes-, para reemplazarlo por Juan Pablo Pozo (hombre de Doris Solís).

 

Removieron a un títere por otro, en un organismo tan delicado, sin que se le mueva un pelo a nadie. Luego seguirán con los tribunales provinciales, y por último, amarrarán todo con el voto electrónico, asesorados desde Venezuela.

 

¿Se necesita más pruebas de que la estrategia de apostarlo todo al proceso electoral es completamente equivocada?

El único "golpe blando" que ha habido en Ecuador se produjo el 16 de enero pasado, cuando Paul Salazar (derecha) pidió él mismo, por orden directa de Correa, que lo destituyan, una semana después de haberse posesionado como presidente del Consejo Nacional Electoral, para que lo reemplace Juan Pablo Pozo (izquierda). Foto: El Comercio.

 

Las elecciones son un espacio,

pero no el único espacio

 

Quizás la explicación de esta conducta de los dirigentes políticos de la oposición radica en que la inmensa mayoría eran demasiado jóvenes cuando la última dictadura militar abandonó el poder. No conocieron la lucha callejera, las "bullas", el "cierrapuertas", la cárcel y el destierro. Sólo han experimentado una manera de hacer política, dentro de las instituciones del estado, que hoy son sólo una máscara hueca del mayor poder totalitario desde Gabriel García Moreno.

 

Olvidan o desconocen que la democracia dispone de muchos más espacios.

 

No es verdad que las calles sean el escenario de las fuerzas extremistas solamente. Los extremistas adoran la calle, claro está. Rafael Correa, por ejemplo, empujó a sus amigos a las calles para promover el golpe contra un presidente electo. Pero las fuerzas democráticas también han ocupado las calles, sobre todo cuando hubo que enfrentar a una dictadura.

 

En los años sesenta, las cámaras de la producción y los sindicatos se unieron para convocar un paro cívico que acabó con la dictadura militar de entonces.

 

Incluso la constitución de Montecristi reconoce esa potestad de los ciudadanos. Aún ese mamotreto ridículo admite que el pueblo tiene el derecho a movilizarse para reclamar la renuncia de sus mandatarios. Esa sería una salida perfectamente legítima a la crisis actual, que ninguna nación civilizada podría objetar.

 

Las fuerzas democráticas debemos prepararnos para las próximas elecciones, eso no se discute. Los dirigentes políticos tienen el derecho y el deber de promover sus fuerzas y sus candidatos para esa contienda. Pero ni ellos ni nosotros deberíamos olvidar que elecciones libres sólo habrá cuando recuperemos, mediante vigorosas acciones de masas, la libertad de organización, de concentración y de expresión en todos los espacios que nos ofrece una auténtica democracia.

Quito, inicios del 2005, Rafael Correa en los alrededores del Palacio de Gobierno, alentando el golpe contra Lucio Gutiérrez. Puedes ver el video completo aquí