Miami, 18 de mayo del 2014

 Qué le diría yo a Roberta S. Jacobson, si pudiera

Roberta S. Jacobson, Secretaria Adjunta para el Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado de Estados Unidos, visitará Ecuador el 6 de junio. Foto: Mark Finkenstaedt, AS/COA 

 

Alguien me sugirió que debería dirigirle una carta abierta a la señora Roberta S. Jacobson, Secretaria Adjunta para el Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado, en Washington (al igual que hice cuando me dirigí a los presidentes de algunas universidades norteamericana, hace poco), transmitiéndole mis sugerencias de cómo debería comportarse cuando visite Ecuador el 6 de junio próximo. 

Las naciones libres tienen que convivir con regímenes monstruosos, a los que no pueden ignorar. Razones de Estado imponen tomarlos en cuenta y, ocasionalmente, negociar con ellos. El error que no se debería cometer, es ignorar con quién se dialoga. Darle la mano al enemigo diplomáticamente es inevitable. Darle la mano al enemigo, suponiendo ingenuamente que es un aliado en el que se puede confiar, sería una torpeza. 

Rechacé la sugerencia de inmediato. Me pareció que sería un gesto inapropiado. Le debo muchísimo al gobierno del presidente Barack Obama. Me acogió como asilado en un momento muy difícil, cuando mi seguridad y la de mi familia corrían peligro. He coincidido, además, hasta ahora, en los trazos gruesos, con la política exterior norteamericana hacia mi país, y no cabría ningún gesto que pudiese dar la impresión de que cuestiono esa política.

 

Pero si estuviese a mi alcance, si la suerte me diese la oportunidad de decirle a la señora Jacobson cómo interpreto el momento actual en Ecuador, se me ocurren cuatro ideas fundamentales que quisiera transmitirle a título exclusivamente personal:

 

1. Hace bien usted en reunirse con el gobierno del Ecuador, pero no olvide que va al encuentro con un enemigo de la libertad, y un enemigo, por ese mismo motivo, de la democracia norteamericana.

 

Los actuales dueños del Ecuador no son críticos de la democracia norteamericana; son sus enemigos a muerte. No quieren corregir tal o cual error, lo cual sería perfectamente legítimo, sino que aspiran a que la democracia (y eso incluye la democracia norteamericana) desaparezca del todo.

 

Por eso han buscado alianzas con otros regímenes totalitarios en Rusia, Irán, China, Cuba, Venezuela o Corea del Norte (más allá de que algunos de esos acuerdos no hayan podido sobrevivir por motivos ajenos a su voluntad). Por eso expulsaron a la embajadora Heather M. Hodges. Por eso maltratan al actual embajador Adam E. Namm. Por eso la propaganda de masas para insinuar que desde Washington se trama contra Ecuador.

 

No son discrepancias que se asientan en intereses económicos distintos, o en asuntos de soberanía nacional. Es su instinto de supervivencia el que los mueve. La intolerancia no puede coexistir con la tolerancia.

 

Sería maravilloso si en el planeta Tierra los gobiernos democráticos fuesen mayoría, pero no es así. Las naciones libres tienen que convivir con regímenes monstruosos, a los que no pueden ignorar. Razones de Estado imponen tomarlos en cuenta y, ocasionalmente, negociar con ellos. El error que no se debería cometer, es ignorar con quién se dialoga. Darle la mano al enemigo diplomáticamente es inevitable. Darle la mano al enemigo, suponiendo ingenuamente que es un aliado en el que se puede confiar, sería una torpeza.

 

2. Espero fervientemente que el gobierno norteamericano continúe con su política actual de no promover sanciones económicas contra Ecuador.

 

La inmensa mayoría de los ecuatorianos democráticos nos opusimos en su momento al llamado que se hizo para que Estados Unidos suspenda las preferencias arancelarias (Adtpa) que beneficiaban a mi país. Lejos de eso, aspiramos a que las relaciones económicas entre ambas naciones se intensifiquen, incluso mientras la actual dictadura continúe en el poder.

 

Las sanciones económicas, en el caso del Ecuador (no pretendo dar recetas a otras naciones, cada caso es distinto), amenazarían el bienestar material del pueblo y favorecerían a la dictadura, que encontraría a quién echarle la culpa de sus errores. La historia ha demostrado que las dictaduras que se aíslan de la comunidad mundial se perennizan, mientras que son bastante efímeras cuando estrechan sus lazos comerciales con naciones democráticas. Los crímenes de Augusto Pinochet perduraron 17 años; el régimen absolutista de Corea del Norte pronto cumplirá 70 años. Pinochet no era mejor que la dinastía Kim, pero no pudo sobrevivir tanto tiempo. Es lo que deseamos. 

 

3. La lucha por la democracia en Ecuador es un asunto que no concierne a ningún gobierno extranjero, pero sí concierne a todos los hombres y mujeres democráticos del mundo.

 

Recientemente la señora Jacobson declaró, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano: "Venezuela es un asunto interno de Venezuela. Hemos considerado claramente, desde el principio, que el futuro de Venezuela lo debe decidir el pueblo venezolano. Hemos resistido con fuerza los intentos de ser utilizados como una distracción de los problemas reales de Venezuela".

 

Estas palabras se aplican perfectamente a mi país. Ecuador es un asunto de los ecuatorianos. Somos los únicos llamados a resolver, para bien o para mal, la crisis de nuestro régimen político. Los salvadores extranjeros nunca han servido sino para arruinar aun más las cosas.

 

Pero la libertad no es un asunto interno de cada país sino una aspiración de la especie humana. Por eso, aunque sea correcto que los gobiernos no intervengan en los asuntos internos de otras naciones, sí es legítimo que extiendan su mano a los que defienden la democracia en cualquier rincón del globo. La concesión del asilo y los gestos de solidaridad moral y material hacia los perseguidos, son formas de cumplir ese deber. Los ecuatorianos democráticos aplaudimos cuando el embajador Naím Namm acudió el 3 de mayo del 2013 al acto que organizó en Quito la Unión Nacional de Periodistas y en un mural reprodujo las palabras de Thomas Jefferson: "La única seguridad para todos es una prensa libre". Todo gesto así es una bocanada de oxígeno valiosísima para la lucha de los que resisten.  

 

4. Si la Casa Blanca o el Capitolio decidiesen sancionar a funcionarios del estado ecuatoriano por actos de corrupción o por atentar contra los derechos humanos, que no lo hagan por nosotros, sino para honrar los principios morales de su país.

 

Para concluir, se discute si Estados Unidos debería imponer sanciones, no contra los estados o los países, pero sí contra algunos funcionarios de ciertas dictaduras que atentan contra derechos humanos esenciales.

 

Sería perfectamente legítimo si se lo hiciese. De ningún modo podría ser interpretado con una intervención en asuntos ajenos. Las personas no son los estados, y los estados no son las personas, aunque desde Luis XIV haya quienes lo nieguen.

 

Pero las personas decentes no apartan a los asesinos crueles sólo para evitar que hagan daño a nuevas víctimas. Lo hacen porque en algún punto hay que trazar una frontera de separación entre ellos mismos y la sevicia, entre la especie humana y la degradación humana. Así que no les pedimos que sancionen a los tiranos para apoyar la lucha por la democracia en el Ecuador. Háganlo, si creen que deben hacerlo, para ser consecuentes con los principios sobre los cuales se fundó esta Nación, para trazar esa frontera que preserve de contaminación la esencia de la libertad.  
12 de enero del 2012, Quito. Mahmud Ahmadinejad y Rafael Correa informan: "Ecuador e Irán han resuelto... formar un frente común, con el fin de defender los derechos indispensables de los pueblos amenazados". ¿Los extremos se tocan? No, los totalitarismos se juntan. Foto: Ecuavisa.