Miami, 1 de septiembre del 2014

¡Estamos de aniversario!

Mi hogar momentáneo
Miami, fines de agosto del 2011: Hace tres años y unos días. Acababa de llegar a mi nueva ciudad.
Emilio Palacio

LES CUENTO QUE ESTOY DE ANIVERSARIO. HACE TRES AÑOS Y UNOS DÍAS, el 24 de agosto del 2011 exactamente, debí abandonar el Ecuador y venirme a Miami. Dejé atrás mi casa, mi país y el éxito profesional, para hundirme en un futuro incierto.

 

Miro hacia atrás, ahora que lo peor ha pasado, y no termino de entender de dónde sacamos fuerzas, mi familia y yo, para soportar este sacudón terrible que nos dio la vida. En mi computadora guardo el manuscrito donde cuento todo. Ya tendrán ustedes oportunidad de leerlo. Pero hoy no, porque justo ahora, el momento más bien es optimista. En estos días, coincidiendo con estos tres años de exilio, acaban de producirse un par de acontecimientos que me llevan a hacer un balance extraordinariamente positivo de esta dura experiencia. 

Ya nadie cree en las buenas intenciones de Correa. 

Ya nadie duda de que su intención es simplemente enriquecerse y disfrutar del poder. Y cada vez son menos los que piensan que conduce al país en una dirección adecuada.

Comenzamos a financiarnos

 

Primero fue la campaña de apoyo económico a este Boletín, que inicié a comienzos de julio pasado.

 

Me habían dicho que ni lo intente, que sería un error, que los ecuatorianos son egoístas. ¡Qué mal consejo me dieron, por Dios! ¡Menos mal que no los escuché!

 

Me van a disculpar que no les dé cifras, pues debo cuidarme de la dictadura que me persigue; pero sí les diré esto: en un mes, hemos recibidos aportes que cubren casi la cuarta parte de nuestro presupuesto anual. No es una fortuna, pero tampoco es una cifra despreciable.

 

Por si eso fuera poco, algunos lectores generosos nos han ofrecido que su aporte se mantendrá mes a mes, con lo cual contaremos con un mínimo ingreso permanente.

 

En los próximos días nos tocará la obligatoria tarea de escribirle a cada uno agradeciéndoles por su aporte. 

 

Descubrí tres obstáculos que habrá que vencer en el futuro para recibir más aportes: 1) El miedo de algunos lectores a que Rafael Correa se entere de que apoyaron económicamente a Emilio Palacio. 2) El desconocimiento de cómo pagar por Internet. 3) La falsa idea de que un aporte modesto (15, 25, 35 dólares) no vale la pena.

 

Tomará tiempo superar esas dificultades, pero si lo conseguimos, este Boletín se volverá rentable y podremos cumplir nuestro sueño de mejorarlo sustancialmente, como una herramienta para defender la libertad y la democracia.

 

La dictadura resiente 

nuestros golpes periodísticos

 

Luego, la semana pasada, se produjo ese arranque de locura de Rafael Correa Delgado, cuando anunció por televisión, casi a gritos, que se moría de ganas por patearme.

 

No fue agradable, claro está. De golpe, las peores pesadillas de hace tres años regresaron a mi hogar. Nos tranquilizaron sólo las extraordinarias muestras de solidaridad.

 

Pero luego, cuando los miedos del primer instante se disiparon, comprendí algo muy importante: Es Correa el que nos tiene miedo. Nuestro trabajo le hace daño.

 

Es comprensible. Para que me entiendan, sí les doy una cifra en este punto: cuando llegué a Estados Unidos, mi cuenta en Twitter tenía alrededor de diez mil seguidores. Hoy estamos a punto de llegar a treinta mil. A 3.500 kilómetros de distancia, ignorado por la prensa nacional (que no puede ni siquiera mencionar el nombre de Emilio Palacio por las amenazas oficiales) HEMOS TRIPLICADO NUESTRA INFLUENCIA EN INTERNET.

 

Estamos lejos todavía, es cierto, del impacto que alcanzábamos desde las páginas de El Universo. Pero lo importante es que avanzamos, nos extendemos y cada día llegamos a más personas. Estamos decididos a continuar así.

 

El país está 

cambiando

 

¿A qué se deben todas estas buenas noticias? Lo que me ocurre, a mí y a este Boletín, todo este balance positivo, creo yo, es un reflejo de lo que le está sucediendo al Ecuador: EL CORREÍSMO, EL RÉGIMEN QUE DURANTE CASI OCHO AÑOS AMORDAZÓ A UNA NACIÓN, HA LLEGADO A UN PUNTO MUERTO. Los tres mitos en que se sustentaba ("manos limpias", "mentes lúcidas" y "corazones ardientes") se derrumban a ojos vista.

 

Ya nadie cree en las buenas intenciones de Correa. Ya nadie duda de que su intención es simplemente enriquecerse y disfrutar del poder. Y cada vez son menos los que piensan que conduce al país en una dirección adecuada.

 

Eso no significa que la dictadura se derrumbará mañana. Ahora cuenta, lamentablemente, con otros tres pilares distintos: 1) El miedo de la población y sus dirigentes. 2) La complicidad cobarde de la cúpula militar. 3) La satisfacción de viejas y nuevas oligarquías que se enriquecen en su entorno.

 

Pero la Historia nos enseña que las dictaduras que no se asientan en la credibilidad sino en la fuerza, tienen patas cortas. Así que miro hacia delante nuestro futuro con profundo optimismo.

 

Quizás, digo yo, el próximo balance lo celebre junto a ustedes.